
"Piensa bien y acertarás" o ¿cómo era?
Estamos tan acostumbrados al famoso “piensa mal y acertarás”, que lo repetimos sin pensar. Lo heredamos, lo normalizamos, lo usamos como escudo: "no es pesimismo, es realismo", decimos.
Qué mierda.
Una y otra vez he comprobado que pensar bien también es realista. Solo que se nos hace un poco difícil porque no estamos educados para eso.
El otro día hablaba con un amigo que me decía:
“El mundo es una porquería, pasan cosas horribles, la gente es una basura, ya no existe la bondad.”
Y yo le respondí:
“No todo el mundo es así. Hay cosas buenas, cosas bonitas, y sí hay gente bondadosa.”
Él, escéptico, me preguntó:
“¿Ah sí? ¿Y dónde ves la bondad?”
Le dije:
“En mí.”
Porque cuando veo la bondad en mí, esa realidad se refleja afuera.
Y cuando me enfoco en lo malo, en la queja, en el sufrimiento… adivina qué crece.
Exacto: lo negativo.
Donde pones tu atención, crece. Lo decimos todo el tiempo en frases motivacionales, en memes de autoayuda, en reels. Lo repetimos, pero ¿de verdad lo entendemos? ¿Lo practicamos?
Creo que ya es hora de jugar con nuestra atención. De usarla a nuestro favor.
Yo lo he estado haciendo desde hace unos meses, y me cayó el veinte con el algoritmo.
Un día me puse a ver reels en YouTube y de repente, ¡boom! Me empezaron a salir puros videos del mismo tema al que solo le había puesto un poquito de atención. Así de fuerte es. Así de claro.
He decidido cuestionarlo todo, como niña chiquita:
¿Qué es eso? ¿Por qué lo creo? ¿Quién lo dijo? ¿Desde cuándo? ¿Y qué pasaría si no fuera cierto?
En esa curiosidad vive la posibilidad de desmentir verdades heredadas, de cuestionar nuestros miedos y de elegir a qué le damos nuestro poder.
Sufrir, quejarnos y esperar lo peor no es una verdad absoluta: es una elección.
Y esa elección se cambia, al instante, con un pensamiento nuevo.
¿Y si nos preguntamos hoy: “¿Qué puede salir bien?”